El contexto en Occidente debería propiciar este aterrizaje sin grandes sobresaltos. El crecimiento previsto de este conjunto de países seguirá siendo, no obstante, cercano al 6%. En otoño, fueron numerosas las publicaciones que trataban la explosión de la burbuja inmobiliaria china y sus consecuencias sobre el sistema financiero del país. La ralentización de la economía china y la dificultad que tiene el gobierno para gestionar los excesos provocados por el colosal plan de reactivación anunciado en noviembre de 2008 son una realidad. Las razones que explican el decepcionante comportamiento de las Bolsas de Shanghái y Hong Kong son: una excesiva expansión del crédito, una distribución de los capitales dudosa o inapropiada y las tensiones inflacionistas que han durado más tiempo del que habíamos previsto y que han exigido un importante endurecimiento monetario.
Lejos de negar estos problemas, nos parece que a día de hoy son controlables. Lo que creemos que es importante, y quizá difícil de concebir desde Europa, es que en China estos problemas se solucionarán mediante el crecimiento y no por la acumulación de medidas de austeridad. En 2012, el crecimiento nominal del PIB debería acercarse al 14% y el del crédito debería ser similar, es decir, entre 7,5 y 8 trillones de yuanes. Por lo tanto, se trata de una economía que seguirá creando riqueza a un ritmo constante, pero sin aumentar de forma excesiva el endeudamiento total. En cuanto al sector inmobiliario, recordemos que el gobierno ha orquestado la consolidación del sector. Por otro lado, no olvidemos que China se enfrenta aún, y lo hará durante muchos años, a la falta de viviendas. Lógicamente, el gobierno ha tenido en cuenta la escasez actual y futura y prevé construir 10 millones de viviendas al año, favoreciendo y subvencionando la vivienda social. El sector de la construcción no va a hundirse y sus mejores actores aprovecharán las circunstancias.
La reorientación de las economías emergentes hacia la demanda interna y el consumo de los hogares va a continuar y a acelerarse. Además, estos países tienen importantes márgenes de maniobra en materia de apoyo monetario y fiscal. Finalmente, la caída de las monedas en la segunda mitad del año y unas valoraciones bursátiles inferiores a las de los mercados desarrollados son elementos que hacen que las inversiones en este universo —tanto en renta variable como fija— sean especialmente atractivas.
Por tanto, nos espera un año 2012 de rock ‘n’ roll durante el cual la gestión de los riesgos mantendrá toda su importancia, pero también un año en el que nuestros fondos de renta variable internacional, diversificados y de renta fija dispondrán de potentes motores de rentabilidad que utilizaremos con intensidad y determinación. Pero, antes de todo esto, quiero desearles lo mejor para el nuevo año 2012.